Mi práctica artística se define por la transdisciplinariedad y la investigación basada en la práctica, navegando de manera fluida entre la danza contemporánea, la performance, el periodismo y la docencia. Me estimula borrar los límites tradicionales entre la teoría y el cuerpo, permitiendo que la producción coreográfica y la escritura crítica coexistan y se informen mutuamente en el espacio escénico.

Soy una artista, comunicadora y educadora venezolana. Mis experiencias de vida entre Caracas, Nueva York y Barcelona han hecho de la migración un eje transversal y formativo en mi aproximación al mundo. Si bien mi trabajo no se enfoca en el activismo, problematiza y explora con sutileza las complejidades inherentes a la movilización, las fronteras, la visibilidad e invisibilidad de los cuerpos y los afectos que surgen a propósito de estos desplazamientos. Este marco me ha brindado una perspectiva íntima y profunda sobre la impermanencia y la necesidad de atesorar la memoria.

Para mí, la danza es una práctica relacional: es lo que hago para estar en relación con mi cuerpo, con el de los otros, y con el mundo (el que dejé atrás y el que estoy creando). Es goce, celebración y memoria que atesoro para no olvidar. Mi enfoque se centra en la poética de lo cotidiano y sus movimientos esenciales, (o pedestres), construyendo sistemas y puentes a partir de gestos que, si bien son el resultado de una larga práctica de destreza y técnica, siempre buscan hablar del compromiso, el humor, el error y el esfuerzo compartido, que es amor.

Las estructuras coreográficas y narrativas de mi trabajo se nutren de esta base, pensando mi danza desde los movimientos aprendidos hace tiempo, atravesados por tanto por ancestros y maestros recientes. Trazan recorridos que evocan otros tiempos y espacios —ciudades, encuentros— como si dibujaran mapas de lugares a los que deseo volver. Sin embargo, mi búsqueda principal reside en lo que desborda estos sistemas: la emoción que se desprende a veces de la forma, de lo que emerge con el agotamiento, y la potencia de tratar cada gesto como todo lo que se tiene. Mi mirada no se detiene en la danza visible, sino en aquello que se le escapa, y que luego puede ser un texto académico, un ensayo escrito a dos manos, o una conversación.

En este espectro de práctica, mi trabajo se expande más allá de la coreografía. Cuando hablo de mi obra, me refiero a una constelación de acciones: bailar con técnica, escribir, caminar, tocar otros cuerpos, repetir un movimiento hasta el agotamiento, o utilizar un video, un sonido, o una entrevista. El patrón constante es la revisión meticulosa de archivos, documentos, fotografías, y narrativas personales, así como de otras voces, cuya investigación fundamenta mi producción de obra, generando piezas que se manifiestan en forma de libros, ensayos y textos periodísticos y piezas coreográficas y performances.

Vanessa Vargas 2025